domingo, 1 de noviembre de 2009

Lo imprevisto en Bahía Ballena. De la soledad del atardecer al bullicio inesperado

Aunque encabezo esta entrada con esta imagen, en realidad es el término a una singular tarde.

Mi bahía, tengo que reconocerlo, es una caja de sorpresas. Donde esperaba contemplar el atardecer en solitario, me encuentro un autobús, aparcado como al conductor le dio la real gana, que había traído una buena tanda de visitantes. Nacionales a dios gracias.
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Todas las mesas ocupadas. Hoy lo voy a tener difícil.

Al fin consigo una.

La cosa va en aumento. Llegan unos/as caballistas.

Preciosos caballos.

Como no podía ser menos los/as jinetes se pegan a la barra de Los Gitanos. Los estuve observando y la cerveza corría con buena cadencia.

Estamos en invierno. Para los que no entiendan que por estos pagos no es tal, sino época de lluvias.

Rocío se me acerca a contarme sus penas.

El atardecer acompaña. Con las últimas lluvias hacía tiempo que no veía uno tan bonito. A la luna le faltan dos días para estar llena, ojala las nubes dejen un hueco para ver su orto.

La fiesta continuó con el Halloween o Noche de Brujas en Los Gitanos. Un carro con los parlantes (altavoces) a toda pastilla no dejó de recordármelo todo el día, y debió de estar animada porque aparte de invitar a que fueran con sus disfraces, les comunicaban que habría desfile de las modelos 2.010 de La Teja (periódico que en primera página siempre coloca una chica ligera de ropas). No soporto los parlantes a todo full.


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