viernes, 24 de octubre de 2008

Lo que puede pasar y no pasa. Sabas y X

Mientras estoy, por qué no, obsesionado con obtener la residencia en Costa Rica, no es que no me ocurran cosas dignas de mencionar de mi estancia en este país, es que no estoy de humor para narrarlas. El domingo sin ir mas lejos, me acerque por el local del karaoke, esperando hubiera baile; ni que decir tiene que mi idea no era bailar, sino ir relacionándome con la gente de mi pueblo e ir observando sus costumbres.
El karaoke, en teoría los jueves funciona como tal y los domingos baile. Tengo que reconocer que tengo mala suerte, porque dos domingos que he estado me han dicho que se había celebrado el sábado y los sábados que estuve me dijeron que se celebraba el domingo. Como todo en este país, nadie me ha explicado esos cambios no programados del día de baile.
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Solo había una persona sentada en una banqueta en la barra, por lo que no costo mucho que entabláramos conversación y en esas estábamos cuando se pone a caer un buen aguacero, el ruido inconfundible de una moto y se bajan dos muchachos calados hasta los huesos. Su protección para viajar en este tipo de vehículos, ninguna, y edad entre veinte y veinticinco años y precisamente el que hacia de piloto, no tardamos en darnos cuenta de que estaba bien bebido; el alcohol lo hacia dicharachero por lo que tampoco tardo mucho en entablar conversación con nosotros. Conversación que el bebido de vez en cuando recordaba que tenía que dejar, puesto que habían llegado allí por el mismo motivo que yo, por el baile, y al no encontrarse con él quería seguir la ruta en busca de un lugar donde divertirse, pero el copiloto había visto el cielo abierto con nosotros, quería entretenerlo allí porque veía que no estaba en condiciones de conducir y no le faltaba razón puesto que el milagro ya estaba hecho con haber llegado hasta allí, aunque tampoco comprendía que fuera a mejorar con la espera, puesto que no paraba de trasegar cerveza.
Va pasando el tiempo y observo que el camarero estaba dando unas cabezadas de puro sueño, cosa lógica porque la noche anterior había estado despierto hasta las cuatro de la mañana que aquí es como decir hasta la salida del sol. Mi gran dilema; por una parte veo al camarero deseando que nos fuéramos y por otra me daba cargo de conciencia, que estos dos muchachos acabaran contra un árbol o en el fondo de un barranco, por lo que mi primera idea fue convencer al piloto par que le dejara las llaves de la moto al copiloto y este lo llevara hasta el pueblo de donde procedían, a lo que se negaba rotundamente con una razón tan peregrina como que la moto se la habían dejado, encima no era suya, a él y él era el responsable de entregársela al dueño en perfectas condiciones. Yo creía tener algún poder de convicción, pero este muchacho era un muro, así que solo se me ocurre decirles que se vengan a mi casa a ver si a base de café y un baño en la piscina, se despeja lo suficiente. Quiere traer la moto hasta aquí el acompañante, Sabas se llama, sigue negándose y la trae él con un par de derrapajes y un intento de hacer un caballito, dejándola al final a mitad de camino.
Solo entrar, sin ningún complejo se me sienta en la cama, Sabas hace café, también le preparo algo de comida y entre col y col intentos de convencerlo de que deje conducir al amigo, me mancha las sabanas de café, a lo que me advierte que esas manchas no salen.
Yo continúo hablando con Sabas y me va contando la historia de ambos. El es titulado superior en turismo, vive en San José con la madre viuda, pero no se exactamente por que razón ha decidido venirse a vivir a la ciudad del amigo, del que anoté el nombre, para mi desconocido, pero lo perdí, así que a partir de ahora lo llamare X. Ambos vivían con unas muchachas sin matrimonio de por medio, la de X ya venia con un niño de una unión anterior, y quería dejarlo por lo que sospechaba, X es alcohólico, a lo que este decía que así lo conoció y por qué iba a querer cambiarlo ahora. Cuando nos damos cuenta X dormía como un tronco en mi cama, Sabas no paraba de agradecerme lo que había hecho por ellos y se me ofrece a solucionar todo el papeleo referente a mi residencia en este país.
Pasa el tiempo y no vemos otra solución que pasar a X a otro sitio donde dormir, el coge las llaves y se lleva la moto.
Seis de la mañana del día siguiente, me despierto, preparo café y despierto a X, se lo ofrezco y no veo que le apetezca, recuerdo su alcoholismo y le doy cerveza y güisqui, hasta que veo que se va animando, le digo que los suyos estarán preocupados, por lo que debe de irse, no se como arranco la computadora y el con un bajo nivel de enseñanza me dice que le encantaría manejarla, a lo que me ofrezco a enseñarlo, pero advirtiéndole que a partir del momento que saliera por la puerta, ya no trataría mas con el X alcohólico.
Le di para que tomara un taxi para llegar a tiempo al trabajo y con posterioridad me entere que andaba en el Súper aumentando su dosis de cerveza y diciendo que gracias a mi la noche pasada había salvado la vida. Hay bastante drogadicción por estos sitios de alrededor y mas en los pueblos contaminados por los yanquis, por lo que pienso que donde van lo pervierten todo. Tengo la esperanza que X recuerde su deseo de aprender el manejo de la computadora, y pueda más que el alcohol. Lo de que la mujer lo deje a pesar de amarla profundamente, según él, no es motivo suficiente.
A Sabas ese día habíamos quedado en la ciudad de donde procedían, he hizo todo lo que pudo por ayudarme, pero poco pudimos hacer por lo que quedamos en que me acompañaría a San José donde tenia conocidos y sabia como desenvolverse en los organismos de Migración. No tenía celular, ni yo teléfono, por lo que le dije me confirmara por mail la hora de salida. Me queda la duda de si hubo un malentendido, pero desde entonces no he tenido noticias de ninguno de los dos.


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3 comentarios:

José Manuel dijo...

Manolo en primer lugar creo estas hecho un buen detective, me has tenido escamado con el: “si ya has estado en un extremo del río, por que no te acercas al otro ya que la distancia es muy corta” La verdad es que al parecer hay otro río cercano al que tantas veces he fotografiado, pero no me he acercado a él, porque aunque mi amigo Javier lo cruza todos los días para ir a vender sus abalorios, hay que tener narices para hacerlo, pero sobre todo tiene que ser con marea baja que aquí es de metros. En caso de que lo hayas descubierto, ni se te ocurra decírselo a nadie; no es por nada, es para que personas que me han querido mucho, me olviden.
Ahora estoy prisionero, haciendo guardia porque todos los días me dicen que vienen a conectarme el teléfono, pero cuando siga con mis paseos y me encuentre el perrillo, le comunicare su raza.
A Fali le dices que un día puede que hable con él y la cámara en vez de apuntarme a mi apunte a los monos, aunque pensándolo bien mejor es que se siga creyendo que estoy la verdad es que no se donde cree él.
Vale, Manolo, ¡Cuídate!
Otrosí digo: hazte de un correo electrónico y me lo dices.

Anónimo dijo...

Cuidadin con las personas que metes en casa, no todas son como tú.
Un abrazo de Dankino.
pD: Por aqui hay gente que ahora se acuerda de tí y quieren que les escribas.Ya me cuentas.

Em dijo...

Uff, pues sí, cuidado de con quien metes a tu casa... y si es alcohólico, pues peor... Se alaba tu buena conciencia.

Un beso.