sábado, 23 de mayo de 2009

El viaje terrestre/marítimo mas largo de mi vida. Veo la luz al final del túnel

Tercera semana en la que intento verme con Fernando en San José. Habíamos quedado en que me llamaría el Jueves para decirme lugar y hora en que lo haríamos, pero llega el medio día y la llamada no se realiza, y ya encabronado lo llamo yo, pero como no podía ser menos, sale el contestador automático. Mensaje suave en el que le recuerdo su compromiso. Pasan algunas horas y mi cabreo sube a las nubes, así que nuevo mensaje, esta vez de suave nada, en el que le recrimino su falta de formalidad.
Leer el resto Contesta y le digo que debe estar sobrado de dinero puesto que el debía ser el primer interesado en el encuentro, puesto que el trasiego de dólares (menos en el Súper, aquí todo el mundo pone los precios en la moneda del imperio), seria hacia su bolsillo. Quedamos en vernos el viernes a las doce del medio día en el Archivo Policial.
No veo a mi amigo Javier y tampoco contesta por teléfono. Habíamos quedado le avisaría para acompañarme. Ya tarde lo veo y comprendo el motivo de su desaparición; estaba bien empurado.

Javier quería haber salido a las cuatro de la mañana, pero le dije que lo haríamos a las seis. Empieza el día bien, puesto que el autobús iba medio vacío, cosa rara, y asientos no faltaban.

Llegamos incluso con adelanto a la salida de la lancha.

Los tiempos que yo preveía, se va alargando.

Sigo disfrutando de la travesía del Golfo de Nicoya, Los verdes de su costa aunque no han explosionado del todo ya están preciosos.

Caminante no hay camino sino estelas en la mar...
Preciosa tanbien la estela de la lancha.

Al pasar por la isla de San Lucas, quien no piensa en su famosa prisión y en el libro La isla de los hombres solos de José León Sánchez. Quieren convertir la isla en un centro turístico a raíz de la fama obtenida como consecuencia del citado libro; libro que por cierto parece ser que ni lo escribió José León Sánchez, el cual estuvo aquí preso. Puede que algún día escriba sobre estema.

Llegada a Puntarenas
Llegada al mercado de Puntarenas y Javier ya estaba llamando al taxi, lo paro y le digo que mientras yo me llego al banco, muy próximo, a sacar dinero, él, busque una tarjeta telefónica por si hay que ponerse en contacto con Fernando.

Salida de Puntarenas a las nueve y diez. Se va acumulándo el retraso sobre lo por mi previsto, pero durante el trayecto me sorprende la potencia del autobús. Para si quisieran el reprís (no la busques, la RAE como siempre va atrasada), algunos carros que se tienen por deportivos. Pensaba recuperaríamos, pero son muchos los camiones a paso de tortuga.
Llegada a San José a las once y media, taxi y al Centro Comercial del Sur, frente al que esta el Archivo Policial. Nos pasan el detector de metales hasta por la boca y al fin dentro.

Fernando había legado a la par nuestra y es él el que habla para que me llamen antes, por lo pronto los engaña diciéndoles que vengo por asuntos de trabajo. Quiero sacarle una foto y me dice que dentro del recinto policial están prohibidas, me lo paso por alli y en un descuido lo fotografío.
Por fin dentro, paso a la mesa de una señora, que sabiendo bien su oficio, no ya me pregunta por tatuajes o heridas, sino por el nombre de mis abuelos y más. Paso al de las huellas, y hasta de las palmas de las manos.
Le pago a Fernando, el coge su taxi y nosotros otro que nos lleva directamente a la estación de autobuses, junto a la Coca Cola (siguen sin saber las direcciones por el nombre de la calle y mucho menos por el numero).
Salida del autobús a las tres. Tenemos el tiempo justo para tomar algo en el mercado. Cinco minutos tarda Javier en comerse su olla de carne por lo que le digo que aun tenemos tiempo y que repita. No lo duda. Yo solo tomo una Coca Cola con hielo; tenia la boca seca.
En la cola del bus Javier va enrollándose; primero con Mario, chef en Malpaís, que solo habla en dólares y parece ser un tío espabilado. Javier no para y pronto esta hablando con una pareja de australianos; me los presenta.
No, el bus tampoco sale a su hora, sino un cuarto de hora después.

Yo en la mochila llevaba un paraguas y razón no me faltaba, puesto que comienza a llover, en algunos momentos con fuerte aparato eléctrico, así despegaba un avión en el aeropuerto Juan Santamaría, y que no para hasta que llegamos a nuestro pueblo. El ferry según mire en internet, salía a las cuatro y media. Todo lo de rápido que era el Puntarenas, este parecía tenerlo de lento. Jamás llegaríamos para esa hora, pero el conductor parecía saberlo, de las cuatro y media nada, su salida es a más de las cinco.
La mar estaba algo brava, pero no para los alaridos que daban algunos pasajeros; cierto e que daba algunos pantocazos que hacían temblar al ferry.

Me extraña que pasemos tan cerca de Isla Guayabo.
Javier y Mario, en desapariciones esporádicas, veo se están enyerbando
Ultimo trayecto: Paquera a mi pueblo. Javier no desaprovecha para enrollarse con unas gringas que iban para Montezuma. Se empeñaba en hacerlo en su ingles macarrónico cuando ellas sabían español.
Legada, después de un par de paradas con descarga de equipajes, a cerca de las ocho.
Teniendo en cuenta la hora de salida y de llegada, que todo el tiempo menos contados, mas bien minutos, en la comida y en la toma de huellas, fue subido en autobús, ferry o taxi, que la distancia entre mi pueblo y Paquera son unos treinta y cinco kilómetros, atravesar el Golfo de Nicoya, no llega a las diez millas marinas o lo que es lo mismo unos diez y ocho kilómetros, mas los ciento diez de Puntarenas a San José, nos dan un total de ciento sesenta y tres, que por dos, definitivamente, trecientos veintiséis, para los que empleamos la nada despreciable cifra de ¡catorce horas!.
Todo se de por bien empleado, sabiendo que ya cumplí absolutamente todos los tramites que me han exigido para la obtención de la residencia en Costa Rica y que salvo omisión o perdida de algún documento, cosa que en nada seria de extrañar después de mis ultimas experiencias, ahora solo queda esperar que Migración se digne concedérmela. Ya va siendo hora, llevo peleando por ella ¡desde Septiembre del año pasado! Algo de luz veo.

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2 comentarios:

Diana Laura dijo...

Entradas cómo esta de tus chocoaventuras son las que aligeran mi día y compiten con la tensión acumulada de horas pasadas.

¡Qué fotos!

José Manuel dijo...

Amiga Diana, no me digas que acumulas tensión. Eso no es nada bueno para tus neuronas y sabes que las tienes que cuidar para llegar a ser la del sigo XXI

Cuidate