viernes, 7 de diciembre de 2007

El valor de lo que carecemos y el clavo ardiendo

La verdad es que posiblemente nunca había reflexionado sobre la poca importancia que le damos a objetos que para nosotros son de uso cotidiano o medios a los que podemos tener acceso con una facilidad pasmosa y a los que nos consideramos, no solo con el derecho a usarlos u obtenerlos, sino que creemos que pertenecen al orden natural de las cosas.
Me decía mi amiga Myriam (Perdona, pero a este paso, cuando quieras contar tu experiencia con tu depresión, ya no vas a tener tema) cuando me hablaba de esta, tan peligrosa, enfermedad: “Yo no he querido saber de profesionales. Aquí las terapias son particulares y muy caras y solo hay acceso al estudio y el diagnóstico. Y, en general el diagnóstico es de "cronicidad" y dependencia de los medicamentos”. Mas tarde estos otros dos comentarios: “Lo que no me cae bien es que me medique un profesional que atiende 20 pacientes por hora”, y “Salvo que seas millonario, es imposible acceder a una terapia privada”.
En Granada, que estamos a la cola, en renta per capita, del resto de España, tenemos un Centro de Salud Mental, y en uno de los hospitales, hay una planta dedicada a los casos graves; pues bien, yo me fui a la consulta privada de un psiquiatra al que ya de entrada mi cerebro, me dijo que no era el mío y acudí a otro, que ya en su día me había tratado de otra dolencia que ahora no viene al caso, y al que no acudí de primeras, pensando no era su especialidad; . Siempre que me he referido a él lo he hecho como mi brujo, y aunque ya lo he mencionado aquí, lo que si puedo añadir es que fue mi clavo ardiendo. Lo más probable es que le deba algo tan importante como mi vida (Posiblemente se ria si llaga a leer esto) y para nada estoy exagerando. No concibo haber salido de mi pozo sin él, y aunque estoy convencido de la necesidad de medicación, de lo que hablo es de otra cosa.
¿Cómo es posible que mi amiga Myriam, y tantos otros como ella, hayan conseguido vencer semejante maldición sin su clavo? ¿A que se han aferrado? ¿Cómo es posible que algo tan elemental como el acceso a la medicina le este negado a la mayor parte de los habitantes de este cabrón planeta? Cada vez veo mas claro que en el mundo que he aparecido no es el mío. Cada vez desprecio mas a esto que llaman el primer mundo, que para paliar en algo estas diferencias tan abismales, se comprometieron a dar un misero 0,7% de su presupuesto y ni eso cumplen.
Amiga Myriam ¡Te admiro!

Búsqueda en Google de:

2 comentarios:

AL dijo...

Josema.... cada uno aprende a vivir de acuerdo a los recursos con los que cuenta (lo que no significa que esté bien, claro). Está lo bueno y está lo malo: la necesidad obliga a malvivir sin cosas esenciales, pero también ayuda a vivir sin cosas superfluas... En cuanto a la depresión, probablemente me lleve más tiempo que a tí vencerla, solo Dios lo sabe.
No olvides que tu psiquiatra fue tu brujo para mostrarte el camino, pero decidir seguirlo corría solamente por tu cuenta, no te subestimes.

otro abrazo...
myriam

José Manuel dijo...

Amiga Myrian, ya en el agradecimiento que hago a mi psiquiatra en "Sobre la maldita depresión", escribo: Me dio sus cuatro teléfonos, su mail, la dirección de su casa y la advertencia de que cuando me encontrara mal, no dudara en ponerme en contacto con el. Un papel doblado con todos estos datos, aun lo llevo en el bolsillo y su propia existencia hace que me encuentre protegido. Esto viene a cuento de que de vez en cuando nos intercambiamos correos y en uno de los que me mando últimamente me decía: “Ya sabes lo que pienso, nadie puede hacer nada por nadie si no encuentra resonancia en el sujeto problema. Tu quisiste salir de tus problemas afectivos y has salido o "estas saliendo" como dices, pero el trabajo no es del psiquiatra es de quien esta delante y de sus ganas y otras depende su futura estabilidad afectiva. El psiquiatra orienta y apoya.
Ya sabes que puedes contar con mi ayuda”.
Muy humilde mi psiquiatra y muy fuerte tú.
No soy el más indicado para recomendarte una medicación puesto que el probo conmigo, no se cuantas, me hacia que lo llamara para ver como reaccionaba y así hasta que dio con la mas adecuada. Sabes que hay muchos tipos de depresiones, y muchos tipos de enfermos, por lo que nadie mejor que un especialista para guiarte, y eso es lo que no comprendo que tú no puedas tener, ese faro. De todas formas como ya te he dicho antes te considero de una casta especial y se que pronto nos reiremos de ella.