viernes, 13 de abril de 2007

...y llore. Tengo mis puntos débiles

Tengo la impresión de haber escrito muchas veces que no tengo miedo a nada ni a nadie y si es así siento repetirlo porque viene al caso de lo que me paso anoche. Hasta yo mismo relacionaba esto con ser un tío duro. Ocurre que la mente es prodigiosa, y va arrinconando los malos recuerdos e intenta que solo te afloren los buenos, pero anoche en comunicación, con otra persona a la cual le tengo bastante afecto, quizás porque últimamente me ha quitado muchos ratos de soledad, sin proponérselo me recordó que al igual que Aquiles, tengo mis puntos débiles.
No voy a decir quien ni en que me ha hecho daño, porque seguiría incidiendo en lo mismo, aunque dudo mucho que por aquí me pudiera atacar mas, pero la verdad es que me ha dado de lleno en uno de esos puntos, y al volver a recordarlo y viendo que solo el tiempo, el cual quizás yo no vea, podrá aclarar las cosas, se me hizo un nudo en la garganta, sentí pena, y al final lloré. Si así como suena. Lloré. Y lo bueno es que ni me avergüenzo, ni por eso me siento menos hombre.

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1 comentarios:

Dedie dijo...

Si nada te hiciese daño, si no tuvieras puntos débiles, también serías un tipo insensible, incapaz de comprender a los demás e incluso incapaz de entenderte a ti mismo. Y como tal tipo duro tampoco mostrarías tanto de ti, como lo estás haciendo con tu blog. Así que asúmelo, es inevitable que de vez en cuando nos " machaquen", que suframos, que nos sintamos solos y vulnerables. Ah pero eso también es vida, es sentir, y yo aunque sea sufriendo quiero sentirme viva. Y además recuerda que el hombre no se mide por todas las veces que cae, sino por todas las que consigue levantarse ( o algo así, soy malísima para las citas)

Te dedico otro poema de Ángel González. Ánimo, perrillo verde, hoy ya es otro día...y brilla el sol.

EL DÍA SE HA IDO
Ahora andará por otras tierras,
llevando lejos luces y esperanzas,
aventando bandadas de pájaros remotos,
y rumores, y voces, y campanas,
-ruidoso perro que menea la cola
y ladra ante las puertas entornadas.
(Entretanto, la noche, como un gato
sigiloso, entró por la ventana,
vio unos restos de luz pálida y fría, y
se bebió la última taza.)
Sí;
definitivamente el día se ha ido.
Mucho no se llevó (no trajo nada);
sólo un poco de tiempo entre los dientes,
un menguado rebaño de luces fatigadas.
Tampoco lo lloréis. Puntual e inquieto,
sin duda alguna, volverá mañana.
Ahuyentará a ese gato negro.
Ladrará hasta sacarme de la cama.
Pero no será igual. Será otro día.
Será otro perro de la misma raza.