lunes, 13 de agosto de 2007

El instinto de las golondrinas

Siempre he sospechado de que el ser humano es un animal peligroso por naturaleza, pero nunca había imaginado hasta que punto. En el sótano duermen los perros, animales también especiales puesto que les hago una caseta, para que lo hagan allí, en especial en invierno, pero dicen que en la caseta duerma yo.
Todos los años por estas fechas anidan dentro del mismo una pareja de golondrinas. Yo tenia el ordenador en la habitación de mi hijo, pero al venirse aquí a pasar por lo menos parte del verano, yo me he mudado a una habitación que tengo en él, hecha expresamente para colocar mis libros, objetos antiguos a los que siempre he sido muy aficionado, fósiles y los recuerdos de mi época de navegación. Al hacerlo, pensé en las pobres golondrinas y efectivamente cada vez que bajo, levantan el vuelo y se van. Vuelven mientras yo estoy en la habitación, pero repiten la operación cuando salgo. Temiendo pierdan la cría, entro sigilosamente, haciendo el menor ruido posible y con la cabeza gacha, para no asustarlos. Parece que a la hembra ya la he convencido de que no llevo malas intenciones y no levanta el vuelo (el macho sigue yéndose).
Los perros, en especial ahora en verano, en las horas del día de máximo calor, también bajan al sótano puesto que en el mismo la temperatura es bastante más fresca y no solo reposan, sino que también tienen sus juegos que mas que juegos parece que se están peleando a muerte con sus correspondientes gruñidos y mi pregunta es el por qué las golondrinas a los perros no les tienen miedo y a nosotros si. Son aves migratorias y el contacto con los humanos es mínimo por no decir nulo. El por qué sus genes les indican que los humanos no somos de fiar.

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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Tienes razón, JoséManuel. Del animal que menos me fío es del hombre. Desde que me separé lo que hecho más en falta son mi adorado gato y mi loro gris de más de 40 años. Los dos seres vivos (a parte de 4 ó 5 humanos) que más quiero. A veces lloro por no tenerlos, pero me calmo al pensar (quiero pensarlo) que mi ex-mujer los sabe cuidar mejor. Ella ya me decia que los malcriaba...

Un abrazo,

Caravaggio.

José Manuel dijo...

Amigo Caravagio, en primer lugar, siento haber tardado en contestarte; mis peleas con el ordenador creo que son enfermizas; me jode mucho que me gane y me paso la vida formateándolo porque no hace lo que yo quiero. ¡En fin! Mientras me pelee con este aparato, supongo que es mejor que fastidiar a alguien.
Yo recogí dos perros de la perrera, me desapareció uno de ellos, y adopte otro medio salvaje que andaba perdido por estos campos. Aun me acuerdo del Chumbo, que aunque era un perro muy raro en la depresión, parecía que me animaba, pero ahora el Fideo (El vagabundo), no para de hacerme fiestas. Esto te lo digo porque bien podías sacar tú un gato de un refugio y veras lo que te lo agradece. Los puñeteros entienden de que lo hayas librado, sino de la muerte, de una mala vida.
En cuanto a mi parecido con Eric Clapton, te diré una cosa. Si yo tuviera un doble (Un sosias) y lo viera por la calle no lo reconocería; hace mucho que paso de mi aspecto exterior y solo me veo por dentro. Ahora mismo que estoy pasando una buena racha, me creo tengo dieciocho años.
Espero que la próxima nota me la pongas desde un desierto. Ni sabia que en Chile los hubiera y eso que estuve allí.
Un abrazo y ánimos.