domingo, 13 de abril de 2008

Enseñar tus conocimientos o preguntar lo desconocido


Actualmente mi sed de aprender, es algo que si no roza lo enfermizo, se que se escapa de lo que es normal. Yo se lo achaco a los años que la depresión ha tenido a mi cerebro con un pensamiento monotemático, rechazando todo lo que no estuviera relacionado con la dichosa enfermedad, y habrá neuronas vacías y con hambre, pero haciendo memoria, mi sed de aprender ha sido una constante en mi vida, sin que nunca llegara a ser una obsesión.
Al conocimiento se puede tener acceso de muchas formas, pero hay una que es la que siempre me ha intrigado que es la del boca a boca, bien por el tipo de personas que lo pueden transmitir o por el de las personas que lo pueden recibir.
Siempre que en cualquier tema de conversación, en especial en el trabajo, ha salido una cuestión que desconocía, jamás he tenido empacho en decir que me la explicaran, pero también es verdad que siempre me he dado cuenta que lo mío ha sido una rareza. Normalmente el que escucha algo que no sabe, no se atreve a preguntar sobre ella o pedir que le amplíen el tema, y yo creo que la principal razón ha sido, que en su interior han pensado que de este asunto no solo debía estar al tanto sino que incluso debía saber mas de él que el que estaba hablando, por lo que preguntar para ellos es rebajarse ante él, o en caso de que haya mas intervinientes en la conversación, su temor sea quedar como menos inteligente o menos preparado que su interlocutor. También es verdad que si preguntas, hay personas, yo diría que crueles, que solo en el gesto de superioridad que ponen ante tu pregunta, achantan al mas guapo y otros que dan una contestación a medias porque si te lo explican en condiciones, tú ya vas a saber igual que él, con lo que ya no seria imprescindible a la hora de hablar del tema.
No solo no he sentido complejo de preguntar, sino que he reconocido que el que me ha explicado lo que desconocía era un tío preparado, e incluso he procurado echarle flores delante de los demás, para que la próxima vez no tenga ningún reparo en ampliar mis conocimientos, y ante los que han sido cicateros en su contestación, siempre he tenido un truco que jamás me ha fallado y ha sido decirles: Oye, perdona, pero es que soy muy torpe y no he logrado comprenderte, ante esto ya el tío se crece y te explica todo con todo lujo de detalles. Si ha sido necesario, lo de torpe se lo he repetido varias veces.
Que hay muchos de un tipo y de otro lo tengo bien claro, cosa que jamás comprenderé, puesto que una de mis máximas en especial en el trabajo, es que de cuantos mas tipos preparados tuviera a mi alrededor, mucho mas tranquilo estaría yo, por los que siempre he procurado transmitir a los míos, los conocimientos que he observado que desconocían. Por otra parte el que no quiera transmitir los suyos para hacerse el imprescindible va tan equivocado, como que si desaparece por la causa que sea, el mundo va a seguir funcionando exactamente igual o mejor que sin él.
Aquí viene a cuento una frase atribuida a Aristóteles: El hombre nada puede aprender sino en virtud de lo que sabe.

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1 comentarios:

Gaby Gaby dijo...

Amigo,
Pienso que es más agradable compartir... compartir para mejorar, para recibir información y feedback tambiém. Quien no comparte, se queda en la mitad del trabajo por una sencilla razón... de nada sirve descubrir algo y guardarlo para si, es como nohaber descubierto nada!!!
Un beso